Definición
El
término psicomotricidad constituye en sí mismo, partiendo por su
análisis lingüístico, un constructo dual que se corresponde con la
dualidad cartesiana mente-cuerpo. Refleja la ambigüedad de lo psíquico
(psico) y de lo motriz (motricidad). Basado en una visión global de la
persona, el término "psicomotricidad" integra las interacciones
cognitivas, emocionales, simbólicas y sensoriomotrices en la capacidad
de ser y de expresarse en un contexto psicosocial. La psicomotricidad,
así definida, desempeña un papel fundamental en el desarrollo armónico
de la personalidad.

Ventajas, beneficios
Se
trata de que el niño viva con placer las acciones que desarrolla
durante el juego libre. Esto se logra en un espacio habilitado
especialmente para ello (el aula de psicomotricidad); en el que el niño
puede ser él mismo (experimentarse, valerse, conocerse, sentirse,
mostrarse, decirse, etc.) aceptando unas mínimas normas de seguridad que
ayudarán a su desarrollo cognitivo y motriz bajo un ambiente seguro
para él y sus compañeros. En la práctica psicomotriz se tratan el
cuerpo, las emociones, el pensamiento y los conflictos psicológicos,
todo ello a través de las acciones de los niños: de sus juegos, de sus
construcciones, simbolizaciones y de la forma especial de cada uno de
ellos de relacionarse con los objetos y los otros. Con las sesiones de
psicomotricidad se pretende que el niño llegue a gestionar de forma
autónoma sus acciones de relación en una transformación del placer de
hacer al placer de pensar.
Tipos
a. Práctica Psicomotriz Educativa (preventiva)
b. Práctica de Ayuda Psicomotriz (terapéutica)
c. Psicomotricidad acuática
Orígenes
A
principios del siglo XX el neurólogo Ernest Dupré puso de relieve las
relaciones entre las anomalías neurológicas y psíquicas con las
motrices. Este médico fue el primero en utilizar el término
Psicomotricidad y en describir trastornos del desarrollo psicomotor como
la debilidad motriz. Más adelante dentro de de la neuropsiquiatría
infantil sus ideas se desarrollaron con gran profusión.
El psicólogo e investigador francés,
Henri Wallon,
remarcó la psicomotricidad como la conexión entre lo psíquico y lo
motriz. Planteó la importancia del movimiento para el desarrollo del
psiquismo infantil y por tanto pra la construcción de su esquema e
imagen corporal. Según Wallon el psiquismo y la motricidad representan
la expresión de las relaciones del sujeto con el entorno.
Julián de Ajuriaguerra
y la escuela de psicomotricidad desarrollada en el hospital Henri
Rouselle plantean un enfoque que pone el acento en la relación del tono
muscular con la motricidad. Según sus estudios el análisis de los
procesos de interacción en la familia, la escuela y la sociedad
permitiría comprender que la enfermedad mental, a pesar de los
condicionantes biológicos, es un proceso que encuentra su sentido en el
contexto de las relaciones.
Formación del psicomotricista
Es
necesaria una formación práctica, reflexiva y vivenciada que posibilite
una competencia profesional basada en la escucha activa de las
personas, el respeto a sus producciones, sus tiempos, sus emociones y
deseos. La sensibilidad y el estar con calidad y disponibilidad al lado
de las personas son elementos clave que se desarrollan en la formación
del psicomotricista.
Es muy importante partir de un gran
autoconocimiento personal, saber los propios límites y posibilidades,
reflexionar sobre lo que hacemos y lo que somos y después estar abiertos
a la mirada y forma de ser de todos y cada uno de los niños. De la
verdadera, sentida y transmitida aceptación va a depender el bienestar y
el posible desarrollo del niño. Por eso, hemos de tratar no proyectar
en los niños nuestros deseos y preferencias. Muchas veces lo que nos
molesta de un niño depende de la lectura que hagamos. Si interpretamos
su conducta como una agresión, entonces él será agresivo para nosotros.
Incluso la movilización de su imaginario también moviliza el nuestro por
eso es tan importante no dejarse invadir y saber delimitar que es suyo y
que es nuestro. Una buena actitud del psicomotricista es no
culpabilizar al niño, este necesita identificarse con el agresor o
destruir para que los demás vean que existe. Hay que decirle “tú no eres
malo, haces como si fueras malo pero no lo eres”. Tampoco sirve el
forzar un salto cuando un niño no está preparado. La actitud es darle
seguridad, decirle yo te ayudo, dame la mano y si aun así no quiere no
obligarle. El niño desde su individualidad, desde su yo; experimenta,
juega a lo que quiere y necesita para comprender, elaborar y transformar
la realidad. Por eso el psicomotricista no juzga ni evalúa sus juegos y
su especial forma de ser, sólo observa y constata lo que ve. Tiene una
visión lo más objetiva posible sobre el niño con las menos proyecciones
posibles. En definitiva que hemos de fijarnos en lo que hace no en si es
majo o simpático. El psicomotricista acepta y asume los juegos
observados pero al mismo tiempo cuestiona su espacio y su tiempo
haciéndole preguntas: ¿y a dónde vas? ¿Y luego que haces? ¿Y donde
estas?, tienen que tener un referente de realidad. El psicomotricista,
mediante la escucha, se ajustará con los pequeños y permitirá que el
grupo no se estanque y evolucione. Hablamos pues de la empatía tónica
que es una forma de estar, de sentir, de comunicar y de dialogar con el
otro desde el cuerpo (comunicación no verbal) e incluso añadiríamos
verbal también, pues la forma total de presencia del psicomotricista es
la que le permitirá entender y acercarse más a los niños, para así
acomodarse y adaptar las sesiones de práctica psicomotriz a lo que más
convenga en cada momento. El poder ajustarse significa también saber
observar, hacer significaciones simbólicas adecuadas, sentir el disfrute
de los niños y su displacer, conocer sus lugares preferidos, el tiempo
que dedica a cada actividad, con quien se relaciona, conocer la
expresividad de su cuerpo, saber leerle con facilidad para respetarle y
ayudarle a progresar. Y es que el cuerpo es la vía de relación y
comunicación con el exterior, donde aflora lo consciente y lo
inconsciente manifestándose a través de las representaciones que suceden
en la sala. Dentro de aula, el psicomotricista debe ejercer como
compañero simbólico, es decir: debe acompañar a los niños en su juego
pero nunca cayendo en un rol concreto pues, si esto se diera, caería
dentro del juego infantil y su papel como figura segurizante se vería
desvalorizada. Al finalizar la sesión es necesario que el
psicomotricista les devuelva una imagen de seres de acción: “Te he visto
que has jugado muy bien”, “has saltado más alto que el otro día”.
La sala, materiales y función
Debe
estar acondicionada con un mobiliario mínimo que serian: espalderas, un
espejo amplio y cajones para tener el material ordenado, bancos suizos
(algunos con ganchos para sujetarlos firmemente a las espalderas y así
puedan subir por ellos), una plataforma a modo de escalera para que
puedan subir los niños a una altura predeterminada, quitamiedos,
colchonetas de distintas medidas, grosores y formas.
El material
que utilizaremos en el espacio sensoriomotor son: espalderas,
quitamiedos, colchonetas, bloques de goma-espuma, toboganes, plataforma
de salto (ya sea construida o formada por una mesa), etc. Nuestra
intención es que con la disposición espacial de este material
favorezcamos las caídas, los saltos, los desequilibrios/equilibrios, los
deslizamientos, las carreras,... En el tiempo de lo simbólico el
material utilizado se compone de: Bloques de goma espuma, telas,
cuerdas, muñecos, aros, palos (madera-plástico-goma espuma), pañuelos,
pelotas, etc. Nuestro propósito es que juegue a “como si…”, que invista
el material. Por último, dentro del espacio representacional les
ofreceremos el siguiente material: pinturas, folios, plastilina, lápices
de colores, rotuladores, pizarra y tizas, bloques de madera, y demás
material con el que puedan dedicarse a dibujar, construir y modelar.
Al
material se le podría dividir en dos grandes bandos por su cualidad y
simbología. Blando (les acoge, les envuelve y les da placer): bloques de
espuma, pelotas de espuma, cojines, telas,… y duro (el niño tiene que
enfrentarse al reto, al principio de realidad): espalderas, maderas de
construcción, cubos de plástico, palos, banquetas.
Fases de una sesión psicomotriz
Ritual de entrada
Fase de la expresividad motriz. Tipos de juegos
Fase de la expresividad plástica o gráfica
Ritual de salida
Bibliografía recomendada
- Pilar Arnáiz Sánchez (2001). La psicomotricidad en la escuela: una práctica preventiva y educativa. Ediciones Aljibe. ISBN 84-9700-016-1.
- Aucouturier, Darrault, Empinet (1985). La práctica psicomotriz. Reeducación y terapia. Editorial Científico Médica. ISBN 84-224-0810-4.
- Aucouturier, Lapierre (1980). El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia. Editorial Científico Médica. ISBN 84-224-0756-6.
- Lina Rubio, Carolina Zori (2008). La psicomotricidad en la escuela. Editorial Dossat 2000. ISBN 978-84-96437-43-2.
- Rodolfo Rodríguez (2005). Terapia psicomotriz. Casos de los 3 a los 11 años. CIE Dossat 2000. ISBN 84-89656-67-3.
- Lapierre, Aucouturier (1977). Simbología del movimiento. Editorial Científico Médica. ISBN 84-224-0686-1.
- Aucouturier, Lapierre (1978). La educación psicomotriz como terapia "Bruno". Editorial Médica y Técnica, S.A.. ISBN.
- Lapierre (1977). Educación psicomotriz en la escuela maternal. Editorial Científico Médica. ISBN 84-224-0687-X.
- Aucouturier. Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Editorial Graó. ISBN 978-84-7827-351-5.
- Josefina Sánchez Rodríguez y Miguel Llorca Llinares (2008). Recursos y estrategias en psicomotricidad. Ediciones Aljibe. ISBN 978-84-9700-442-8.
- Rigal Robert (2006). Educación motriz y educación psicomotriz en preescolar y primaria. ISBN 84-9729-071-2.
Para saber más: